"Streets
are the dwelling place of the collective. The collective
is an eternally restless, eternally moving essence that,
among the facades of buildings endures, experiences, learns,
and senses as much as individuals in the protection of their
four walls. For this collective the shiny enameled store
signs are as good and even better a wall decoration as a
salon oil painting is for the bourgeoisie. Walls with the
"deffense d'afficher" are its writing
desks, newspapers are its libraries, letterboxes its bronzes,
benches its bedroom furniture..."
Walter Benjamin. Das Passagen-Werk.
En la figura del flâneur, Walter Benjamin retrató
a uno de los protagonistas claves de la modernidad. Este
lector de los signos de la metrópolis, traductor de la experiencia
ciudadana y caja de resonancia de la multitud, fue el testigo
de un mundo en transformación en los albores de la industrialización,
relator paciente del crecimiento de las ciudades y de las
masas urbanas.
Como lo hiciera el Baudelaire de Benjamin en la Paris de
finales del siglo XIX, Janez Janša y Mikael Lundberg
vuelven a enfrentarse con el paisaje metropolitano. Pero
en este recorrido, a comienzos del siglo XXI, las referencias
locales han estallado en un sinnúmero de fragmentos sensoriales,
que en su presentación simultánea transmiten el frenético
ritmo de seis ciudades convertidas en cruces de flujos de
información.
Llevando al extremo la mirada turística, los artistas condensan
sus recorridos por tales ciudades (Copenhague, Estocolmo,
Helsinki, San Petersburgo, Kaliningrado y Gdansk) en una
superposición incongruente de canales de información: vistas
veloces, textos disueltos en una masa sonora, segmentos
de los media, datos de localización. Las ciudades se expresan
a través de su fisionomía lingüística y arquitectónica,
sus monumentos, sus relatos históricos, sus avisos publicitarios,
sus héroes, sus infraestructuras económicas. Grandes empresas,
clichés culturales y residuos de un pasado conflictivo son
los signos indiferentes y paródicos de antiguas naciones-estados
resistiendo penosamente los embates de la globalización.
En la confrontación de las realidades locales con la descripción
homogeniezante de los flujos de información vibra un conflicto
entre dos tipos de escala, una humana y otra planetaria.
La primera se despliega en una dislocación de la vida cotidiana,
traducida en datos parciales y cambiantes, relatos incompletos
y ritmos veloces. La constancia de los hábitos y las costumbres,
la seguridad de los sitios reconocibles, dan paso a una
realidad inestable en la que se cifran las consecuencias
de las políticas globales, las migraciones y las transformaciones
tecnológicas. La escala planetaria se manifiesta en los
datos del sistema GPS que registra los movimientos de los
artistas por las ciudades visitadas. Su presencia es igualmente
paradójica. Como instrumento de local-ización,
es el que menos informa sobre las particularidades locales
de los sitios recorridos. Aparece, en cambio, como un blanco
(target) intrigante que se cierne sobre las imágenes,
sumándose como una nueva amenaza a su naturaleza precaria.
Si la mirada de Baudelaire cristalizó en poemas memorables,
las de Janša y Lundberg lo hacen en una sinfonía efímera.
Un formato incómodo, quizás, para la historia del arte,
pero el único capaz de plasmar la insistente fugacidad del
mundo contemporáneo.
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